martes, 23 de junio de 2015

mi temor es mi dios
antes de mi temor yo no era nada
mi temor cae
y se levanta como siempre
y nada ha sucedido
como los perros yo también tengo corazón
y las horas son imprudentes
terrible mi fuerte impulso
no basta la elocuencia
una tras otra
desperdicio las visitas de los ángeles
hago un tigre de todo
acaricio durante horas mi temor
consiento a mi temor
me alimento de mi temor
como un perro que se come sus heces

jueves, 11 de junio de 2015



La gente herida es peligrosa, sabe que puede sobrevivir. 
Herida (1.993) 

me encuentro ante la evidencia de un mundo sombrío 
la luz se filtra a través de las hojas de los árboles 
si la luz no me encontró 
es porque entro a los espejos y mi pena es honda 
de ver a mi pueblo condenado 
si me miro de frente 
mi pueblo me apedrea con sus ojos tristísimos 
lo encuentro pobre 
lo palpo desnudo 
su corazón es un papel estrujado en una mano que no es suya 
su súplica rojamente desoída 
y a pesar de todo se avergüenza de su boca triste 
se pregunta qué son los sueños y sin embargo sueña 
no canta bien 
-no todos saben cantar- 
y sin embargo canta 
se levanta con ganas de creer en cielos azules 
pasea la ciudad beso tras beso 
y a veces un perro le acompaña en su vasta incertidumbre 
podría derrumbarse
pero hace un esfuerzo consciente por sonreír 
ponerse de pie 
hace el amor aún vulnerable 
el amor es una prórroga 
escribe 
el amor es una forma de venganza contra el ritmo de este mundo 
escribe 
un ejercicio de resistencia en la alegría de amarse 
escribe y pone cara a su dolor 
hace de su dolor una criatura oscura a la que poder enfrentarse 
se encamina hacia ella con sus dedos siempre heridos 
la gente herida es peligrosa 
sabe que puede sobrevivir

lunes, 8 de junio de 2015




El cielo estaba lleno de tinta azul sin usar
Elise Plain


¡salven a los niños! ¡por favor! ¡despunta un día! la luz viene a buscar a cada quien a su cama, un pájaro se posa tímidamente en el alféizar de cualquier ventana y los niños no juegan en la calle todavía, no ríen, cada uno a su manera, no huyen de una herida imaginaria, no acaban emboscados en las retinas de los perros para sentirse a salvo ¡salven a los niños! ¡por favor! ¡escuchen! aún no ha pasado el peligro y emergen dos alas de sus trenzas y sus ojos aún son azules y en ellos hay una mujer haciéndose la muerta en el mar, cielo, tinta azul sin usar, mantengan sus ojos despiertos toda la noche con largas plumas de ala de búho empapadas en agua y huelan el mar ciudad adentro, sacudan de sus zapatos el polvo para que no quede nada de esta guerra, llévenlos consigo en el viento y aplaudan juntos cuando éste abra paracaídas en una campana de flores o clave con puntillas sus hombros al horizonte ¡salven a sus niños! vamos ¡corran! ábranse el pecho de lado a lado y dejen que pisen la tierra, vayan con ellos de la mano y desemboquen por los prados como una nube parda de bisontes, dejen de ser caballos atascados en el fango, dejen de crecer a toda costa, no pongan más cosas en la balanza frágil de su pensamiento, no sirve, no va, esta sensación de haberlo dicho todo, este monólogo con la misma pared de siempre, este discurso grande como grande es el vacío, nunca dejarán de caer las hojas secas bajo una calle de árboles rojos y nunca dejará de ser cada hoja que cae un acontecimiento y aprendan a despedirse como una bolsa de plástico que levanta el aire, como pasan de largo lentamente las nubes, esa dulce sensación de extravío y contraten una banda de jazz para su entierro, a dos mil años de su muerte, antes de emprender su fuga, porque el niño es lo que es y a veces está en uno y se acuerda de sí mismo y sabe que morir sólo es un malentendido, otra aventura impredecible